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En una contundente manifestación desarrollada en la icónica Rotonda Tucapel de Arica, organizaciones de mujeres, disidencias, trabajadoras y estudiantes universitarias salieron a las calles para expresar su rechazo rotundo frente al controvertido proyecto de ley impulsado por el Gobierno. La iniciativa busca obligar a las mujeres y personas gestantes a escuchar los latidos fetales de manera previa a someterse a una interrupción voluntaria del embarazo.




La protesta, convocada por la Coordinadora 8M e impulsada con fuerza por el Bloque Feminista de la Universidad de Tarapacá (UTA), congregó este Viernes 31 de Julio desde las 17:00 horas a decenas de manifestantes que visibilizaron la demanda social interrumpiendo el tránsito de forma intermitente, levantando pancartas y coreando consignas en defensa de los derechos sexuales y reproductivos.
“Nuestros cuerpos no son propiedad del Estado”
Durante la jornada, Jennifer Fernández, presidenta de la carrera de Psicología, titular del Consejo de Presidentes de la Universidad de Tarapacá e integrante del Bloque Feminista de la casa de estudios, ofreció declaraciones respecto a la fundamentación de la iniciativa legal:
“Este proyecto no es una medida médica ni de salud pública; es un acto de tortura psicológica, una herramienta de control de clase y una violencia de Estado”, sostuvo Fernández.
La dirigente enfatizó que la propuesta carece de todo sustento asistencial o clínico y que su verdadero propósito radica en la imposición de culpa y control sobre las mujeres:
“Al Gobierno no le importa cuidar a las mujeres, ni a las niñas, ni a las infancias. Solamente les importa perpetuar la culpa, la pedofilia y la pederastia, porque así quieren a las mujeres: ignorantes, sin educación sexual y sin poder abortar. Creemos que nuestros cuerpos no son propiedad del Estado; nuestros cuerpos no se negocian”, aseveró.
La evidencia de la psicología y la neurociencia: Violencia institucional y coerción sensorial
El argumento planteado por las manifestantes encuentra un sólido respaldo en investigaciones científicas dentro del ámbito de la salud mental y la neurobiología, las cuales advierten sobre los riesgos emocionales y fisiológicos de someter a pacientes a estímulos auditivos coercitivos en contextos de atención clínica.
Desde la psicología, la imposición de estímulos auditivos no solicitados en momentos de vulnerabilidad interrumpe el principio de autonomía e información consensuada que rige la praxis médica. Diversos estudios sobre salud reproductiva y bioética señalan que la exposición forzada a latidos fetales en situaciones de decisión o dolor actúa como un inductor de estrés agudo y culpa inducida por el entorno institucional.
Según investigaciones publicadas por la American Psychological Association (APA) respecto a la interrupción del embarazo y la salud mental, no existen evidencias de que la decisión de abortar genere por sí misma traumas de largo plazo; sin embargo, se recalca que el estigma social, la coerción y la interferencia estatal mediante barreras punitivas o manipulaciones emocionales son los factores determinantes en la generación de distrés psicológico y ansiedad en las pacientes.
“La autonomía en la toma de decisiones clínicas es un pilar fundamental para prevenir la re-traumatización. La introducción de medidas cuya única finalidad es la disuasión emocional vulnera los marcos de la atención humanizada y constituye una forma de violencia institucional.”
— (Reflexión basada en los consensos bioéticos y de salud mental de la APA).
Neurociencia del estrés y la carga alostática
Desde la neurobiología, el sonido del latido cardíaco fetal es un estímulo con alta carga afectiva. Someter a una persona en situación de conflicto o vulnerabilidad a un estímulo sensorial forzado activa de manera inmediata el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA), desencadenando una respuesta desmedida de secreción de cortisol y adrenalina.
Diversos trabajos en neurobiología del trauma muestran que cuando un individuo es enfrentado a un estímulo de alto impacto emocional sin su consentimiento y en una posición donde carece de control sobre la situación (indefensión aprendida), la amígdala cerebral procesa el evento como una amenaza directa. La neurobióloga estadounidense Dra. Lisa Feldman Barrett, referente en el estudio del cerebro y las emociones, sostiene que:
“El cerebro evalúa constantemente el entorno para regular el presupuesto metabólico del cuerpo. Cuando el entorno o las instituciones imponen escenarios de coerción o amenaza emocional sobre un individuo sin capacidad de escape, se produce un sobreesfuerzo alostático que altera el procesamiento emocional y el bienestar fisiológico a largo plazo.”
En este sentido, la neurociencia respalda que la imposición de este procedimiento no tiene valor diagnóstico para la persona gestante, sino que opera como un estresor neurosensorial concebido para interferir en la toma de decisiones a través del impacto emocional directo.
Convocatoria y articulación de las organizaciones
Las organizaciones presentes remarcaron que este acto marca el inicio de una serie de acciones coordinadas para frenar la tramitación del proyecto. La manifestación contó con la articulación del Bloque Feminista UTA, las Juventudes Comunistas (JJCC), el Partido Comunista y la Coordinadora 8M.
Finalmente, Fernández realizó un llamado abierto a todas las mujeres y disidencias de la región a mantenerse informadas mediante las redes sociales de las organizaciones participantes y a sumarse a las próximas convocatorias:

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