El humedal que retrocede

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En el sector de Las Machas persisten afloramientos de agua y presencia de aves, mientras vecinos advierten sobre microbasurales, tránsito de vehículos y ocupaciones que estarían acelerando el deterioro de uno de los últimos espacios naturales dentro del radio urbano de Arica.

El paisaje del sector norte de Arica muestra una contradicción cada vez más visible. Mientras los afloramientos de aguas subterráneas todavía aparecen en distintos puntos y las planicies inundables continúan recibiendo aves, el entorno del ex humedal urbano del río Lluta evidencia un creciente deterioro. Microbasurales, tránsito de vehículos, carpas, animales domésticos y fragmentación del hábitat forman parte de un escenario que preocupa a quienes viven diariamente en el sector de Las Machas.

La situación ya había sido advertida anteriormente por AricayCiencia, cuando se abordaron las dificultades que enfrentaba la protección del ecosistema después de que el Tribunal Ambiental dejara sin efecto la declaratoria de humedal urbano. En 2025, antecedentes entregados por la Seremi de Medio Ambiente señalaban que el proceso debía ser actualizado mediante nuevos estudios técnicos y una metodología vigente.

Hoy, el deterioro se expresa sobre el terreno. El ingreso reiterado de automóviles y vehículos 4×4 sobre áreas naturales genera compactación y fragmentación de superficies que funcionan como refugio para fauna y vegetación. A ello se suma la instalación de carpas y la presencia de animales domésticos, factores que modifican progresivamente un espacio que históricamente ha mantenido condiciones particulares de humedad en medio del desierto.

Dinámica Natural Resilente

Pese a la transformación del lugar, el ecosistema conserva señales de su dinámica natural. En distintos puntos permanecen afloramientos de aguas subterráneas, mientras que algunas depresiones y planicies acumulan agua de manera variable. Estos cambios generan condiciones temporales que permiten la llegada y permanencia de distintas especies de aves.

Entre ellas se observan garzas, pilpilenes y otras especies asociadas a ambientes costeros y humedales. El sector forma parte de un ecosistema reconocido por su importancia para las aves: antecedentes oficiales describen la desembocadura del río Lluta como un sitio prioritario de conservación y destacan su carácter de ecosistema único en la región.

La relevancia ecológica tampoco es reciente. El humedal de la desembocadura del río Lluta fue declarado Santuario de la Naturaleza en 2009, precisamente por sus características de flora y vegetación y por los servicios ambientales que presta, entre ellos la regulación del microclima y la amortiguación de inundaciones.

Vecinos piden Conservar el ex-humedal

Para residentes del sector, el problema excede la acumulación de basura. El reclamo apunta a la ausencia de una estrategia permanente de resguardo que permita compatibilizar la presencia humana con la conservación del ecosistema.

La preocupación también alcanza a las ocupaciones de personas y familias, entre ellas comunidades gitanas instaladas en distintos puntos del área. El desafío, plantean vecinos, requiere una respuesta que considere tanto las condiciones sociales de quienes utilizan el territorio como la protección efectiva de los espacios naturales.

El deterioro adquiere especial relevancia porque el humedal constituye uno de los pocos espacios de características silvestres que permanecen próximos al área urbana de Arica. Su vegetación, superficies húmedas y conexión con el borde costero contribuyen además a generar un paisaje singular para quienes viven o transitan diariamente por Las Machas.

La propia documentación del Ministerio de Medio Ambiente reconoce que el ecosistema ha estado sometido a presiones por el desarrollo urbano, incluyendo rellenos y degradación.

El desafío, por tanto, vuelve a ser visible: qué hacer con un ecosistema que continúa funcionando pese a años de intervención y que, al mismo tiempo, carece de una protección efectiva en amplios sectores. Mientras las aguas siguen aflorando y las aves continúan utilizando las planicies, el avance de basura, vehículos y ocupaciones transforma lentamente el paisaje.

Para los vecinos, recuperar la presencia de las autoridades y establecer medidas concretas de protección resulta urgente. En una ciudad rodeada por uno de los ambientes más áridos del planeta, conservar estos pequeños espacios de agua y vegetación significa también proteger biodiversidad, paisaje y calidad de vida.

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