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Patricio Muñoz / Ciencia e Innovación para el Futuro
En las alturas de Socoroma, a 125 kilómetros de Arica, un hallazgo científico podría marcar un antes y un después en la agricultura chilena. Se trata de Pseudomonas lini S57, una bacteria descubierta hace ocho años por el académico de la Universidad de Tarapacá, Patricio Muñoz, que sobrevive en suelos salinos y con alto contenido de boro, asociada naturalmente a las raíces del orégano que crece en este extremo desértico del país.
El microorganismo presenta un doble potencial: actúa como bioestimulante para favorecer el crecimiento vegetal y como biocontrolador contra plagas y enfermedades, entre ellas el hongo Botrytis cinerea, responsable de importantes pérdidas en cultivos de tomate a nivel mundial, y el nemátodo Meloidogyne incognita, común en la región de Arica y Parinacota.



A diferencia de otros bioproductos desarrollados para el centro y sur de Chile, esta bacteria mantiene su eficacia en las duras condiciones del norte, lo que la convierte en una alternativa estratégica para zonas áridas. Por ello, el equipo de investigación ha protegido su uso con dos patentes y trabaja junto a la empresa Bioprotegens, en Chillán, para probarla en guindos, nogales y berries, con resultados positivos incluso en climas extremos.
Sin embargo, la adopción de esta innovación enfrenta desafíos: la desconfianza de parte de los agricultores, la percepción de que estas tecnologías son exclusivas para grandes empresas y los costos que dificultan el acceso a pequeños productores. Aun así, comunidades indígenas de Socoroma, dedicadas a la producción orgánica de orégano con sello de origen, han mostrado interés, especialmente ante la amenaza de la roya, enfermedad que ponen en riesgo sus cultivos y que rechazan tratar con químicos.
La investigación busca ofrecerles soluciones biológicas locales, preservando la calidad orgánica de su producción y fortaleciendo su presencia en mercados especializados. “La agricultura del futuro debe ser sostenible, eficiente y respetuosa con el entorno”, afirma Muñoz, convencido de que una pequeña bacteria del desierto andino podría abrir la puerta a un cambio profundo para el campo chileno.

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